
Egipto, Grecia y Roma
LOS PRIMEROS VESTIGIOS
Para hablar del origen de los eventos nos hemos de remontar a los egipcios, donde encontramos una sociedad estratificada, en la que los grandes banquetes y el culto a la belleza ya estaba muy presente en su cultura. El uso de productos de maquillaje y los primeros cosméticos a base de leche y pétalos de rosa, hechos para el cuerpo con el fin de conseguir la belleza eterna, marcaba una de las máximas en su forma de vida.
Productos tales como el Köhl, uno de los elementos por excelencia de aquella época, vestía con distinción los ojos de Cleopatra. El cual ha llegado hasta nuestros días de forma icónica para la casa Guerlain. También hay vestigios donde triturar los caparazones de los escarabajos daban lugar a un polvo de efecto iridiscente el cual, junto al polvo de malaquita, vestían los ojos de las antiguas egipcias.
La belleza estaba muy presente en los eventos sociales, y encontramos algunos eventos de belleza donde las mujeres se reunían en Termas y baños y trataban su cuerpo con mimo y esmero.
De esta manera conocemos que, ya desde los egipcios, los griegos y los romanos la belleza cobraba mucha importancia en sus vidas y ha evolucionado en el tiempo y en el espacio, no en forma de masterclass, pero sí como una necesidad.

Imagen extraída del blog Flipa.net
La Edad Media y Renacimiento
CUANDO LA BELLEZA ESTABA PROHIBIDA
En la Edad Media, que las mujeres se cuidaran otras partes del cuerpo diferentes al cabello, no estaba bien visto. Si echamos la vista atrás, el cabello fue el protagonista de dicha época. Los hombres lucían peluca en los banquetes y grandes reuniones, así como en los eventos sociales, y las mujeres portaban eternas melenas, las cuales cepillaban hasta cien veces; porque así el cabello crecía más rápido.
Pero…. ¿Qué pasó en esta época con los eventos de belleza?
Como era de esperar, dado que la Iglesia había calificado como pecado cualquier cuidado que pudiera estar relacionado con el deseo, prohibió todo cuidado que tuviera que ver con ello. Esto ocasionó que los mercaderes ambulantes visitaran los castillos a escondidas por pasadizos secretos para venderles bálsamos, hierbas y artículos de tocador.
Es antagónico ver cómo la prohibición es causa del apetito, debido a que el consumo en las altas esferas de productos beauty fueron creciendo y ampliando su consumo hasta el ámbito masculino.
En el Renacimiento se consolidan de nuevo los cosméticos con fuerza. Y es en el siglo XVI, cuando monjes de Santa María Novella, crean el primer gran laboratorio de productos cosméticos y medicinales. Los cuidados al rostro y al cabello, se vieron acompañados por el uso de cosméticos para la zona de los pechos. Del extranjero, y especialmente de Asia, llegaban perfumes y los primeros tintes para el cabello.

La cosmética del Renacimiento
Y es en esta época, donde aparecen los primeros tratados de cosmética y belleza.
De hecho, es en París donde Catalina Galigai, amiga de Catalina de Médici, abre el primer Instituto de belleza. Es maravilloso como de una forma prácticamente desconocida, ciencia y cosmética se unen para crear con el tiempo una industria que perdurará hacia nuestra actualidad.
Los avances, la aparición de productos y la ciencia, fueron haciendo camino y consolidándose como una necesidad social, se podían encontrar puestos ambulantes en los mercados y pequeñas botigas que reunían en su interior tratamientos y maquillajes que llegaban de todas partes del mundo, pero los eventos como tales no se produjeron hasta principios del siglo XX.

Nos tenemos que remontar a principios del sigo XX, durante la primera década de 1900, para hablar de las primeras formaciones beauty de una forma completamente diferente a como las vemos en la actualidad.
Las primeras Masterclass de la historia se daban a puerta cerrada, donde pioneras de la cosmética o de la peluquería organizaban en sus centros de belleza demostraciones de producto para sus clientas, con la finalidad de adquirir el producto.
La demanda dio lugar a que aquellas que atendían necesidades, estuvieran mejor formadas y conocieran de primera mano cuales eran los beneficios de los productos que salían de sus salones. Esto ocasionó la necesidad de crear convenciones de belleza donde la venta de producto y la formación, se abrían paso para consolidar el inicio de los eventos de belleza.
Mujeres como Elizabeth Arden precursora del Total Beauty, llegó a Nueva York en 1910 para abrir su primer salón Red Door en la 5 Avenida. (ya sabéis por qué el símbolo de la firma es una puerta roja). Y fue la primera mujer que introdujo el maquillaje de ojos, (del que hablábamos al principio) a las mujeres de América. Su expansión fue increíblemente rápida, creando el primer equipo de vendedoras itinerantes, consiguiendo llegar a crear salones de belleza en la principales ciudades del mundo.
Otro icono a nivel capilar es Madam C. J. Walker, la primera mujer afroamericana en convertirse en millonaria, la cual aparece en la actualidad en el libro de los Ginnes y quien creó una línea capilar para pelos afros que llegó en 1908 para hacer historia.
Su iniciativa la podéis encontrar increíblemente bien narrada en Netflix, en una saga de cuatro capítulos: Madam C.J Walker: Una mujer hecha a sí misma. Si os animáis a verla, sabréis identificar la evolución clara de los eventos de belleza.
Con todo esto encontramos una maravillosa realidad, que los eventos han crecido con nuestra historia y en forma de costumbres, sin darnos apenas cuenta, como dice L’Oreal:
“La belleza es una palabra que en sí misma enmarca la bella expresión de lo que somos y que nació en forma de evento, para mostrar lo que fuimos”


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